02.12.2019 - Flossbach von Storch

¿2020 = 2019?


Este año, de momento, los inversores están contentos de estar invertidos. ¿Cuáles son las perspectivas de los mercados de capitales, y cuáles los posibles riesgos?

Queremos dejar claro una cosa: la renta variable sigue siendo nuestra primera opción (al menos para los inversores con un horizonte de inversión a largo plazo). Creemos que las perspectivas estructurales para la renta variable se mantienen intactas, por ejemplo, en términos de deuda, o los beneficios de las empresas que se han duplicado en el índice S&P 500 de EE.UU. desde 2005. La diferencia entre el rendimiento de los beneficios de la renta variable y los bonos del Estado de bajo rendimiento es considerable. Sin embargo, debemos estar atentos a los riesgos que son predecibles.  

Uno de estos riesgos para la renta variable podría ser el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses. Sin embargo, el potencial de riesgo sigue siendo difícil de cuantificar. Y mientras demócratas como Joe Biden o Michael Bloomberg compitan contra el republicano Donald Trump, es poco probable que ocurra nada significante en los mercados. Las estadísticas preelectorales anuncian poco seguimiento para Bloomberg y disminuyen para Biden. Así, la demócrata Elizabeth Warren, actual número dos en la carrera demócrata, se convierte en una candidata seria. La anteriormente republicana cambió de bando hace 15 años y acompañó a Obama durante la crisis financiera. 

Y el programa político de Warren es un reto para los mercados: quiere gravar con un 7% adicional a las compañías estadounidenses con beneficios superiores a 100 millones de dólares. Este impuesto afectará a unas 1.200 empresas. Para Amazon, por ejemplo, esto supondría una carga fiscal adicional de unos 700 millones de USD. Este proyecto tiene un impacto negativo en las perspectivas de beneficios de las empresas estadounidenses, y el mercado de valores probablemente descontaría sus efectos.  

Además, Warren quiere fijar el rumbo para que los EE.UU. alcancen su objetivo neto de cero emisiones de CO2. En los EE.UU., los mercados son conscientes en primer lugar de que es probable que esto conduzca a un mayor control, lo que por lo general no es visto positivamente por los participantes en el mercado. 

Por último, pero no menos importante, la candidata a la Presidencia hace campaña con el lema "Los trabajadores estadounidenses primero" frente al "América primero" de Donald Trump. De acuerdo con su programa, las empresas extranjeras deben esperar que se apliquen barreras comerciales, si violan las normas anticorrupción, las directrices medioambientales o los derechos de los trabajadores. El resultado final es que la candidatura de Elizabeth Warren probablemente aumente el riesgo para la renta variable estadounidense a partir del segundo trimestre de 2020. 

Máxima flexibilidad posible en renta fija 

En renta fija, dada la continua política de bajos tipos, ya apenas hay beta a generar. Con títulos tradicionales, ya prácticamente solo puede obtenerse rentabilidad a través de alfa, es decir, desviándose del mercado. No obstante, esto apenas es factible para los inversores particulares, de modo que la única alternativa son los fondos gestionados activamente. 

Los gestores de fondos de renta fija tienen que ser flexibles y poder explotar todas las fuentes de alfa. Tienen que poder, como un pastor con su rebaño de ovejas, ir cambiando de un prado a otro para que puedan pastar en ellos, pero sin dejarlos rasos. Conviene tener la máxima flexibilidad para poder utilizar todos los medios disponibles. Pero naturalmente, cuantos más pastores salgan, más costará tener buenos resultados en esta área. 

La congelación permanente de los tipos dificulta la rentabilidad en los mercados de bonos. Es improbable que en 2020 haya un giro significativo y, sobre todo, duradero de los tipos. La nueva presidenta del BCE, Christine Lagarde, apenas cambiará los bajos tipos de interés. No obstante, no puede descartarse que tome nuevas medidas creativas de política monetaria. 

El escenario del game over 

Como ya hemos mencionado, muchos autores predicen ahora un crash inminente. Pero ¿qué tipo de crash esperan sobre todo? ¿Del sistema financiero, de los mercados de acciones, de la política, u otro...? Y ¿cuáles serían los escenarios correspondientes? 

Un desplome bursátil nos parece poco probable, por los motivos arriba expuestos. Por supuesto, no puede descartarse un «cisne negro» del tipo del desastre de Fukushima, pero esto no debería influir en una estrategia de inversión orientada al largo plazo. En cambio, lo que sí está atascado es el sistema financiero. Los pronósticos de un crash parecen en principio justificados. Ahora bien, los bancos centrales están dispuestos a intervenir en caso necesario. En cualquier caso, es improbable que vuelvan a cometer los mismos errores que en 2008/09, cuando el sistema monetario corría el peligro de quedarse sin liquidez. Y como inversores, no hay que cometer nunca el error de subestimar la longevidad de los sistemas. Está claro que, incluso en tal caso, los activos reales como las acciones, los inmuebles o el oro ofrecen más seguridad que los activos nominales. 

Señales positivas de la tecnología de gráficos

El análisis técnico no es de hecho relevante en la estrategia de inversión de Flossbach von Storch, que está orientada al largo plazo y por consiguiente, a las variables fundamentales; pero a los dos nos gusta como afición, y nos ayuda a estimar mejor el comportamiento de los inversores más orientados al corto plazo. 

Así, por ejemplo, el S&P 500 ha dejado el mercado en forma de dientes de sierra de los últimos dos años, con lo que posiblemente haya terminado la pausa que había hecho. El Stoxx Europe 600 muestra desde el año 2000 una formación mucho más interesante, que a menudo se denomina «coffin lid» (tapa de ataúd). El mercado se mantiene desde entonces por debajo de los máximos históricos, pero últimamente los ha tocado con relativa frecuencia. Y si comparamos EE. UU. con Europa, vemos que las bolsas estadounidenses se desmarcan desde 2014.  

Por lo tanto, en conjunto, 2020 no será igual que 2019 para los inversores. Sobre todo en los mercados de renta fija, seguramente la única manera de obtener rentabilidad será mediante fuentes de alfa. En los mercados de renta variable, hay unos buenos indicios de que, tras un año bursátil 2019 destacado, el de 2020 puede ser adecuado, aunque en el segundo trimestre es posible un bache en vista de las elecciones presidenciales estadounidenses. Sin embargo, a largo plazo, todos los motores estructurales apuntan a la renta variable. 

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