10.01.2020 - Thomas Lehr

2020: ¿Feliz año nuevo?


2020: ¿Feliz año nuevo?

El año pasado ha sido uno de los mejores ejercicios bursátiles de la historia reciente. ¿Existe el riesgo de que el próximo sea débil? No necesariamente, como nos muestra la historia bursátil.

A veces puede valer la pena hacer retrospectiva, por lo menos, si sirve para aprender algo de cara al futuro. El año pasado ha sido (para muchos inversores, tal vez inesperadamente) uno de los mejores ejercicios bursátiles desde que existen registros.

El índice de renta variable estadounidense S&P 500 cerró 2019, incluidos los dividendos, con una ganancia del 31,5%, situándose así entre los veinte mejores años bursátiles de los últimos 90 años en Estados Unidos (véase el gráfico). Desde el cambio de milenio, el mercado general de acciones estadounidense solo registró una mayor subida en 2013 (+32,4%). El mejor año desde que existen registros fue 1954 (+52,3%), uno de los ejercicios prodigiosos de la bolsa de después de la 2.ª Guerra Mundial, en que los valores estadounidenses volvieron a superar por primera vez el máximo histórico de la euforia bursátil precedente al gran crac de 1929.

Bastantes inversores temen que el buen comportamiento del año pasado ya se ha descontado demasiado; «rentabilidad de prestado», por decirlo de algún modo. Sin embargo, si echamos la vista atrás, vemos que que un buen año bursátil no tiene por qué ir necesariamente seguido de uno malo. En aproximadamente el 70% de los casos, el ejercicio que lo sucedió también fue de signo positivo. En promedio, en el «año siguiente» se obtuvo una ganancia de en torno al 10%; la mediana se situó incluso en el 12%. Todo ello se encuentra cerca del promedio de toda la historia del S&P 500, que se remonta a 1928.

¿Turbulencias después del rally?

A la inversa, esto significa que solamente en seis casos, un año bursátil situado entre los «20 primeros» del S&P 500 fue seguido de otro con signo negativo. Por supuesto, la rentabilidad histórica no es un indicador de los resultados futuros.

Si bien es comprensible que, después de un buen año en la bolsa, los inversores sean escépticos con respecto al siguiente; este escepticismo no está justificado.

En cualquier caso, fijarse en los años naturales no aporta nada a los inversores a largo plazo. Quien aguante las fluctuaciones temporales, puede mirar hacia atrás desde 1950 a unas décadas bursátiles doradas. Alguien que hubiera invertido en renta variable estadounidense durante 20 años a partir de 1930 habría obtenido en promedio una rentabilidad anual del 11,8%. En ningún periodo de 20 años se han generado pérdidas; en el peor de los casos, se obtuvo un 5,6% anual.

Es mejor invertir a largo plazo

Una larga retrospectiva hacia atrás muestra que considerar periodos relativamente cortos no aporta demasiado, que las fluctuaciones temporales apenas son previsibles y que la evolución de precios no siempre refleja el valor intrínseco de una empresa. Es mejor centrarse en las grandes tendencias: en los tipos de interés persistentemente bajos, el progreso tecnológico y un crecimiento económico moderado a largo plazo. Creemos que, en un horizonte largo, todo esto favorece la renta variable.

Por otra parte, pese al buen año bursátil 2019, las acciones estadounidenses no son caras en términos históricos. Su valoración actual no es, con respecto a la evolución de los beneficios empresariales y las cotizaciones bursátiles, superior a la de hace 30 años.

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