11.01.2021 - Philipp Vorndran

2020: una pandemia como catalizador


2020: una pandemia como catalizador
Philipp Vorndran

El año pasado pasará a la historia. La crisis del coronavirus actúa como catalizador de tendencias políticas, económicas y de los mercados financieros. Echamos la vista atrás para mirar hacia delante.

No hace falta ser adivino para saber que el 2020 pasará a la historia como un año excepcional, el año del coronavirus. Y no solo desde una perspectiva sociopolítica o sanitaria, sino también desde el punto de vista del inversor. Quedan para el recuerdo el desplome de las cotizaciones en marzo y la posterior recuperación, igual de fuerte. Sin embargo, lo pasado pasado está, así que no vale la pena detenerse demasiado a echar la vista atrás; más importante es pensar en lo que nos deparará el futuro.

Al margen de cuándo estará disponible la vacuna para todo aquel que quiera ponérsela, la covid-19 está actuando como motor y potente catalizador de tendencias, por ejemplo, en el caso de la digitalización. El mundo virtual ha ganado muchos adeptos en los últimos meses gracias a las compras por internet, las videoconferencias o el aprendizaje electrónico, algo que seguramente mantendremos en parte aunque nuestra vida vuelva a la normalidad.

Aumentan las deudas, pero no los intereses

Igual de importante como mínimo es para el inversor otra tendencia: el endeudamiento. En los últimos meses, los Gobiernos de todo el mundo han destinado enormes cantidades de dinero a ayudas que pretenden aliviar, al menos, las dificultades económicas que los ciudadanos están atravesando a causa del coronavirus. Y en ello siguen. Como consecuencia, el nivel de endeudamiento está aumentando cada vez más rápido.

A la larga, la deuda solo podrá devolverse con unos tipos de interés muy bajos garantizados por los principales bancos centrales. A estas alturas, la covid-19 debería haber despertado ya a quien todavía creyera o esperara que en algún momento se produciría una subida de los tipos de interés. No la habrá, al menos mientras duren las reservas de nuestro sistema monetario.

No hay alternativa a los activos reales

La pregunta es: ¿qué deberían hacer los inversores, más allá incluso del próximo año? Necesitan activos reales líquidos de primera clase, sobre todo acciones de empresas excelentes. Lógicamente, esta recomendación no es nueva; llevamos años haciéndola. Hoy por hoy, sin embargo, es más válida que nunca.

En conjunto, la política fiscal y la de los bancos centrales están generando una creciente presión inflacionaria que podría descargarse en los próximos años, no en una hiperinflación —nunca hemos sido partidarios de los escenarios extremos—, pero sí probablemente en unas tasas de inflación mucho más altas que en los últimos años.

No cabe esperar que los bancos centrales reaccionen a esta situación subiendo bruscamente los tipos de interés. La Reserva Federal estadounidense ya ha anunciado que en adelante considerará su objetivo de inflación como un promedio, es decir, tolerará que se superen las tasas después de que la inflación de los últimos años haya estado muy por debajo del objetivo del 2 %. Seguramente el BCE siga el mismo camino. Malas noticias para los valores nominales.

La calidad prevalece

Queda la duda de qué acciones incluir en la cartera. ¿Las de las empresas claramente beneficiadas cuyas cotizaciones ya han experimentado una notable subida? ¿O mejor las de compañías cíclicas que se han ido al traste y, por lo tanto, parecen tener un gran potencial de recuperación?

Nosotros nos fijamos en la calidad, donde tampoco ha cambiado nada. Nos fijamos en las empresas que tienen un modelo de negocio probado, que crecen de forma fiable, que tienen un balance financiero limpio y una gestión de impecable, y que además están posicionadas globalmente. Nos fijamos en los títulos de calidad capaces de salir casi indemnes, o mejor aún, fortalecidos, de las grandes crisis.

La calidad tiene un precio, pero también un límite. Cuando el precio de los mejores títulos parece reflejar la situación, las buenas empresas siguen siendo buenas empresas, pero seguramente no una buena inversión.

El texto original apareció también como columna de autor invitado en la revista alemana AssCompact.

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