18.05.2022 - Pablo Duarte

Aumenta la presión


Aumenta la presión

Apenas recuperados de la crisis de la COVID, los mercados emergentes se enfrentan a los altos precios de las materias primas y al aumento de los tipos de interés en EE. UU. Lo analizamos.

Las consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus aún no se han digerido en muchos países emergentes y en desarrollo (mercados emergentes), a la vez que entra en acción el tan temido endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) y estalla la guerra entre Rusia y Ucrania, acompañada de sanciones económicas. Esto dificulta la posición de algunos de estos países, mientras que se espera que otros sufran en menor medida.

Es posible que incluso algunas de estas economías puedan beneficiarse del auge de los precios de las materias primas. Sin embargo, a corto plazo, la inestabilidad económica y política aumenta en los países que dependen de las importaciones de productos básicos y que tienen una deuda pública elevada. A largo plazo, los cambios institucionales introducidos durante la pandemia del coronavirus para financiar un mayor gasto público conllevan riesgos de estabilidad.

Salidas de capital peligrosas

El estallido de la pandemia del coronavirus ya había provocado un repentino cese de las entradas de capital en muchos mercados emergentes, ya que los inversores internacionales se desplazaron a posiciones percibidas como refugios seguros. Ahora, la incertidumbre ha vuelto a surgir por la invasión de las tropas rusas. No se prevé el fin del conflicto ni de las sanciones económicas asociadas. Los países con elevados déficits por cuenta corriente son especialmente vulnerables a las salidas de capital.

Entre los seis mayores mercados emergentes, solo China y Rusia tuvieron superávit por cuenta corriente durante la mayor parte de la última década. En cambio, Brasil, India, Sudáfrica y Turquía registraron déficits por cuenta corriente, algunos de ellos considerables, hasta poco antes del estallido de la pandemia del coronavirus. Con la pandemia, Sudáfrica consolidó su cuenta corriente e incluso informó de un superávit del 3 % del PIB a finales de 2021. Sin embargo, tras una breve corrección en 2020, los déficits de India, Brasil y Turquía volvieron a aumentar.

Pérdidas monetarias inquietantes

Si los inversores internacionales retiran el capital de un mercado emergente a gran escala, la divisa nacional de esta economía se devaluará. El importe de la deuda pública denominada en divisa extranjera es una variable importante en este contexto. Esto se debe a que la devaluación aumenta la carga de la deuda (medida en divisa nacional), lo que puede provocar que las empresas y los gobiernos tengan dificultades para hacer frente a los pagos.

En los últimos años, la deuda denominada en divisa extranjera ha aumentado considerablemente, especialmente en Turquía, Brasil y Sudáfrica. A finales de 2020, se situaba en casi el 60 % del PIB en Turquía y en el 36 % en el caso de Brasil. 

Riesgos de estabilidad a largo plazo

Para contrarrestar las consecuencias económicas del confinamiento, en algunos mercados emergentes se pusieron en marcha programas de ayuda fiscal durante la pandemia que, como en EE. UU. y Europa, fueron cofinanciados por una «política monetaria no convencional». En la mayoría de los países, esto requirió cambios legislativos e incluso una enmienda constitucional en Brasil. Estas medidas han debilitado la independencia de los bancos centrales.

En Turquía e India, incluso se sustituyó a los gobernadores de los bancos centrales en 2021 o se les presionó para que finalizaran su mandato antes de tiempo. El Estado de derecho, que ya estaba perjudicado en los seis mayores mercados emergentes, ha caído aún más, según el «Rule of Law Index» publicado por el World Justice Forum [Foro de Justicia Mundial]. Cuando las presiones inflacionistas son elevadas, las instituciones sólidas son importantes anclas de estabilidad.

 

Pablo Duarte es Senior Research Analyst del Flossbach von Storch Research Institute.

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