14.06.2022 - Michael Illig

Como una bola de nieve


Como una bola de nieve

Quien desee construirse un patrimonio necesita, además de una estrategia de inversión sensata, sobre todo tiempo y optimismo Incluso en tiempos de crisis.

Las fluctuaciones de precios siempre han sido una constante en la actividad de la bolsa. Cuando, como en los últimos meses, las cotizaciones oscilan a la baja y las malas noticias minan la confianza, muchos inversores se ponen nerviosos y retiran dinero del mercado de valores.

Por el contrario, otros buscan oportunidades justo en esos momentos. Este es el caso, por ejemplo, de Warren Buffet y Charlie Munger, que llevan más de medio siglo cosechando un gran éxito con sus inversiones a través de su sociedad de cartera Berkshire Hathaway. Mientras que hasta principios del año habían acumulado grandes reservas de efectivo, durante las turbulencias en la bolsa de los últimos meses han anunciado numerosas nuevas inversiones.

La sabiduría de Omaha

La trayectoria de ambos empresarios de Omaha, que ya superan los 90 años de edad, demuestra cómo el optimismo y, sobre todo, el tiempo pueden contribuir al éxito de las inversiones a largo plazo. Solo gracias a esto fue posible que, desde su adquisición por Warren Buffet en los años sesenta, una pequeña fábrica textil de Nebraska se convirtiese en una de las empresas más valiosas del mundo, con un valor en bolsa que ha llegado a alcanzar los 650.000 millones de dólares estadounidenses.

Existen dos citas que ilustran muy bien el secreto del éxito. Cuando mi compañero Ludwig Palm tuvo el «honor» de ser invitado a una cena privada en casa de Charlie Munger en Los Ángeles, este le transmitió la siguiente enseñanza: «Las fluctuaciones de precios son inherentes a las bolsas. Quien esté dispuesto a aguantarlas, se hará rico. Quien no lo esté, seguirá siendo pobre.»

Por su parte, su histórico socio empresarial Warren Buffet dijo una vez: «La vida es como una bola de nieve. Lo más importante es encontrar nieve fresca y una colina lo más larga posible.»

Crecer como una bola de nieve

Buffett escogió la «metáfora» de la bola de nieve porque ilustra de manera excelente el factor de éxito más importante para los inversores orientados al largo plazo: el efecto del interés compuesto.

Una bola de nieve que ruede sobre nieve húmeda puede absorber tanta nieve como su superficie permita. Sin embargo, una vez que se ha rodado, la superficie es mayor y en la siguiente rotación puede absorber una cantidad de nieve proporcionalmente mayor. Desde el punto de vista matemático, esto significa un crecimiento exponencial, justo lo que hay detrás del efecto del interés compuesto.

Este efecto no es difícil de calcular, pero a menudo da pie a la imaginación, especialmente cuando se extiende a lo largo de muchos años. Porque el cerebro humano está hecho para el pensamiento lineal. Justo por este motivo, también se atribuye a Albert Einstein la afirmación de que el efecto del interés compuesto es la octava maravilla del mundo.

Este efecto del interés compuesto puede demostrarse además mediante el ejemplo de un inversor que invirtió 10.000 € hace 30 años. Si hubiese conseguido obtener una rentabilidad del 5 %* anual (después de deducir los costes), el valor de su cartera habría aumentado a nada menos que 43.000 €. En ese sentido, lo más importante es que cada año se reinvierta el 5 % (o la plusvalía de 500 €): solo así podrá crecer la bola de nieve y se podrá aprovechar plenamente el efecto del interés compuesto.

Si, por el contrario, el inversor hubiese aportado 500 € al año y luego se hubiese guardado el importe conseguido bajo el colchón, su patrimonio ascendería a tan solo 25.000 €.

La clave está en la confianza

Esto demuestra lo importante que es para los inversores, precisamente en tiempos difíciles, seguir una estrategia de inversión que crean que les permitirá lograr sus objetivos a largo plazo. Porque, a diferencia de un producto bancario de renta fija, evidentemente los rendimientos anuales de las inversiones en acciones varían enormemente y se producen constantemente periodos de evolución negativa de las cotizaciones.

Por tanto, la confianza en una evolución positiva a largo plazo es la clave para resistir a los contratiempos a corto plazo y, de esa forma, tener la posibilidad de aprovechar el efecto del interés compuesto durante muchos años.

Nosotros revisamos activamente todas las inversiones habidas y por haber para determinar si creemos que ofrecen buenas perspectivas de una evolución positiva a largo plazo. O, siguiendo con la metáfora de la bola de nieve: si la empresa está formando su bola de nieve sobre nieve fresca, y si la colina es lo suficientemente larga y presenta la menor cantidad posible de obstáculos espinosos. Cuando desde nuestro punto de vista no se dan estas condiciones, o ninguna valoración nos parece fiable, no invertimos.

Evidentemente, nos replantearnos este criterio de calidad todos regularmente: representa nuestra brújula de inversión. Porque estamos firmemente convencidos de que, a la larga, el valor en bolsa de una empresa acaba replicando la evolución de sus fundamentales. Por todo ello, una cartera compuesta por empresas de calidad con una valoración atractiva nos da la confianza no solo para aguantar las fluctuaciones de los precios en la bolsa, sino además para buscar en ellas oportunidades.

 

* Este rendimiento se ofrece meramente a título de ejemplo y se ha calculado realizando la media entre muchos años; los rendimientos futuros en el mercado de valores pueden diferir considerablemente. En los treinta años que van del 30.04.1991 al 30.04.2022, el índice bursátil alemán DAX obtuvo una rentabilidad del 7,2 % anual (calculado en euros), mientras que el índice bursátil mundial MSCI World obtuvo una rentabilidad del 8,2 % anual (calculado en dólares estadounidenses). Ambos valores no tienen en cuenta comisiones y gastos.

 

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