28.04.2021 - Bert Flossbach

El miedo a la inflación


El miedo a la inflación
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Las expectativas de recuperación económica tras la pandemia hacen resurgir el temor generalizado a un aumento significativo de los precios ¿Cómo pueden los bancos centrales contrarrestar la inflación?

Durante el último año el endeudamiento global ha crecido significativamente. Sin embargo, el ejemplo de Japón muestra que la carga es viable mientras los tipos de interés se mantengan bajos o el banco central intervenga con programas de compra de deuda pública y transfiera los ingresos por intereses al Estado. Este es el escenario futuro más probable, ya que los bancos centrales de todo el mundo tienen la intención de mantener su política monetaria ultraexpansiva con bajos tipos de interés y sus programas de compra de bonos del Estado al menos durante los próximos años.

Sin embargo, esto podría cambiar si la inflación aumentara significativamente por encima del nivel objetivo del dos por ciento. No obstante, el aumento de los tipos de interés no es un problema para el gobierno, siempre que estén por debajo del crecimiento económico o de la tasa de inflación. Además, los bancos centrales han tomado la precaución de señalar que la inflación puede permanecer por encima de este nivel durante algunos años antes de que llegue el momento de tomar medidas correctivas, porque esto no haría más que compensar la larga fase de tasas de inflación (demasiado) bajas.

Esto significa que los balances de los bancos centrales seguirán creciendo como consecuencia de las compras de valores y de las medidas adicionales de liquidez, sin que sea posible prever cuándo terminará este proceso y los balances se puedan volver a reducir hasta un nivel «adecuado».

Enormes ayudas en EE. UU.

Tomemos, por ejemplo, la crisis en EE. UU.  Desde el comienzo de la pandemia hasta el final del paquete de medidas de ayuda diseñado por el presidente de EE.  UU., Joe Biden, los ciudadanos estadounidenses habrán recibido unos 1.620.000 millones de dólares en pagos directos (870.000 millones aprox.) y prestaciones de desempleo adicionales (unos 750.000 millones). Otros 746.000 millones de dólares se transfirieron a empresas estadounidenses hasta principios de abril en forma de préstamos en el marco del Programa de Protección de Cheques de Pago (Paycheck Protection Program), pero estos préstamos generalmente no tienen que ser devueltos.

Una de las consecuencias de este paquete de ayudas ha sido el aumento histórico de la tasa de ahorro y la caída del consumo privado. Sin embargo, la elevada tasa de ahorro no es solo el resultado de la contención del consumo por motivos de precaución, como en crisis anteriores, sino que esta vez también se debe a la falta de oportunidades de gasto (viajes, eventos, visitas a restaurantes y cines, etc.). Como resultado, el gasto total de los hogares estadounidenses sigue estando por debajo de los niveles anteriores a la crisis.

Esta tendencia debería dar un giro cuando finalice el confinamiento. El consenso de mercado presupone una pronunciada recuperación económica en la segunda mitad del año. La cuestión crucial es si esto provocará un aumento fuerte y posiblemente duradero de la inflación, sobre todo porque los precios de la energía y de numerosas materias primas también han subido significativamente, lo que también apunta a una fuerte recuperación económica en sectores cíclicos. Sin embargo, algunos de estos efectos son de carácter temporal y todavía no han tenido un impacto notable en las tasas de inflación.

Si suben los salarios...

Para que se produzca un aumento sostenido de la inflación es necesario que la población haya asimilado las expectativas más altas y que esta información forme parte de las negociaciones salariales. Solo entonces los bancos centrales se verían obligados a ajustar su política ultralaxa, o al menos a mantener la perspectiva de hacerlo. Pero antes de que eso ocurra, el mercado laboral estadounidense debe mejorar sustancialmente. Aun así, el empleo como porcentaje de la población en edad de trabajar es solo del 57,8 % (marzo de 2021) en comparación con el 61,1 % anterior a la crisis, es decir, ocho millones de puestos de trabajo menos en términos absolutos. Además, es de suponer que numerosos puestos de trabajo solo se obtuvieron gracias al Programa de Protección de Cheques de Pago, lo que hace que los datos oficiales del mercado laboral parezcan algo mejores de lo que son en realidad.

En este sentido, no hay una necesidad acuciante de que la Reserva Federal estadounidense reduzca sus compras de bonos, especialmente porque las rentabilidades de los bonos ya han subido bastante y un nuevo aumento de estas podría perjudicar la recuperación económica.

De todos modos, el Banco Central Europeo no se tiene que preocupar este año, ya que los resultados económicos de muchos países de la zona euro estarán por debajo de los niveles anteriores a la crisis a pesar de las importantes medidas de apoyo. Antes de que la postura pueda ser más restrictiva, se tendría que producir una recuperación tangible y consolidada de la actividad económica. El BCE ha descartado las subidas de los tipos de interés hasta 2023, e incluso después se reserva la facultad de calificar de temporal un rebasamiento de la inflación y de tolerarlo. Es dudoso que los bancos centrales consigan salir de su política monetaria ultralaxa, también a la vista de los graves daños colaterales que se prevén.

 

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