26.08.2021 - Thomas Mayer

La posible llegada del euro digital


La posible llegada del euro digital

El Banco Central Europeo quiere competir con las monedas digitales. Analizamos lo que pueden esperar los inversores y lo que no.

En octubre de 2021 se dará el pistoletazo de salida: el Banco Central Europeo (BCE) pondrá en marcha una fase de estudio de dos años para analizar la posible concepción de un euro digital y qué repercusiones tendría la introducción de una moneda digital europea. Después de eso, decidirá sobre la posibilidad de emitir un euro digital.

Por lo pronto, una cosa está clara: el funcionamiento de las nuevas monedas digitales de los bancos centrales debería ser completamente diferente al de las criptodivisas privadas, como el bitcoin. Es cierto que, con el euro digital, el BCE podría mitigar el problema de la deuda soberana en la eurozona si los bancos centrales aplican la digitalización de la moneda sin reservas, pero no se va a llegar a eso.

Presentamos seis tesis sobre los antecedentes, las consecuencias y las posibilidades que tendría una nueva moneda digital europea.

1. Las criptomonedas privadas amenazan el monopolio estatal del dinero

El bitcoin y las demás criptodivisas privadas suponen actualmente un dolor de cabeza para los bancos centrales, una competencia indeseada que pone en jaque el monopolio estatal del dinero que administran. Si las criptomonedas privadas sustituyeran poco a poco al dinero actual, los bancos centrales ya no podrían utilizar la emisión monetaria para controlar la economía y financiar al Estado. No en vano, el banco central chino (Bank of China) ha advertido recientemente a las entidades financieras que no acepten criptodivisas como medio de pago y ha cortado el grifo a los «mineros» de bitcoin. En su informe de estabilidad financiera, el BCE comparó la evolución del precio del bitcoin con las burbujas de los tulipanes y de los mares del Sur de los siglos XVII y XVIII.

2. Las criptomonedas propias son útiles para los bancos centrales

Con la crisis del coronavirus, los bancos centrales han comprendido que a la gente le gusta pagar sin efectivo. Durante la pandemia, las reservas de efectivo para transacciones disminuyeron drásticamente también en Alemania. Quizá los bancos centrales puedan seguir viviendo con los pagos con tarjeta, pero la aparición de nuevas criptodivisas (como el proyecto Libra de Facebook) les asusta porque estas podrían desbancar al dinero en efectivo que los bancos emiten, que es el único medio de pago de curso legal. Por eso, también el BCE se está planteando muy seriamente que el dinero de los bancos centrales sea digital: la Central Bank Digital Currency (CBDC). Los chinos ya están poniendo a prueba el renminbi digital. El año que viene debería dar el gran salto. El BCE cree que su moneda digital podría estar lista en cinco años.

3. El euro digital no supondrá un gran cambio para los consumidores

Por lo que se sabe hasta ahora, la diferencia respecto a los billetes de euro no debería ser muy grande. Ahora, los consumidores sacan dinero de su cuenta corriente en los cajeros automáticos; en el futuro, podrán cargar un importe limitado de la CBDC del BCE desde su teléfono móvil o con una tarjeta. Todavía no está claro cuál será el volumen de pagos digitales ni cómo funcionarán exactamente. No obstante, es probable que el euro digital se convierta en un equivalente del billete con una utilidad limitada.

4. El euro digital tiene un funcionamiento diferente al bitcoin

El bitcoin nació con la finalidad de que ya no hubiera que entregar los billetes físicamente, sino que se pudieran transferir virtualmente, como si se transmitiera su número en vez del billete en sí. Y esto de persona a persona, no a través de un banco que registra la transferencia de manera centralizada. Su inventor pretendía mantener a los bancos al margen de las transacciones, tanto a los bancos comerciales, que en la zona euro también generan dinero escritural —es decir, saldos acreedores en cuentas corrientes— por medio de préstamos, como a los bancos centrales, que controlan el proceso de creación de dinero mediante la concesión de créditos. De esta manera, pueden reducirse los costes de transacción. Pero ese no era el único objetivo. El algoritmo de la cadena de bloques del bitcoin se presentó a finales de 2008, poco después de la quiebra de Lehman Brothers, que marcó el punto álgido de la crisis crediticia. La creación monetaria mediante este algoritmo pretendía evitar las burbujas y las crisis de crédito desencadenadas por la generación de dinero crediticio. En cambio, lo único que se pretende con el euro digital es añadir una nueva variante a ese tipo de dinero. Si el euro digital fuera un coche, podríamos decir que tendría el aspecto de un coche eléctrico moderno, pero bajo el capó seguiría habiendo un motor de combustión, que es precisamente la creación de dinero mediante préstamos bancarios. En cambio, las criptomonedas como el bitcoin son coches cien por cien eléctricos.

5. El euro digital podría aumentar la estabilidad de la eurozona

El euro digital tendría una ventaja decisiva para los consumidores: a diferencia, por ejemplo, de los saldos acreedores en cuentas corrientes, el dinero de un banco central en forma de crédito contra este no tiene ningún riesgo. Los saldos en cuenta son simples títulos de deuda privada bancaria, derechos de crédito que el cliente tiene frente a los bancos, que en la zona euro, por lo general, solo están cubiertos hasta 100.000 euros por el fondo de garantía de depósitos. Por lo tanto, si el dinero digital del banco central sustituyera al dinero escritural de los bancos, sería un dinero a prueba de fallos en todos los países miembros y supondría un paso adelante en la unión monetaria, que actualmente es solo una unión de efectivo.

6. El euro digital podría ser de ayuda en el problema de la deuda

Llevándolo a un extremo aún más radical, el euro digital podría incluso ofrecer a los Estados la oportunidad de salir un poco del atolladero de la deuda. En el actual sistema de dinero crediticio, el dinero escritural está cubierto por una cartera rotativa de préstamos bancarios. Ese dinero se crea cuando se concede un préstamo y desaparece cuando el préstamo se devuelve. En cambio, el euro digital podría diseñarse para que sea dinero del banco central respaldado por una reserva fija de bonos soberanos en el balance del BCE. El BCE podría crear ese fondo de garantía comprando bonos del Estado hasta el volumen deseado de euros digitales. Con sus programas de compra de deuda pública, el BCE ya ha recorrido parte de este camino. Una vez alcanzada la cuantía deseada, podría seguir comprando bonos en la medida necesaria para que creciera la masa monetaria de euros digitales. En ese caso, el banco central no compraría bonos del Estado en función de las necesidades de los países, sino que solo adquiriría la cantidad de bonos necesaria para satisfacer la demanda de dinero de la economía. Los nuevos euros digitales creados de esta manera no podrían pagarse a los países del euro, sino que se asignarían directamente a los ciudadanos como dividendo monetario.

Como el BCE necesita los bonos como fondo fijo de garantía, los valores saldrían del mercado y podrían quedar libres de intereses y amortizaciones. En consecuencia, disminuiría la deuda pública en circulación en el mercado. Suponiendo que el euro digital reemplazara unos 6 billones de euros en depósitos bancarios a la vista, la deuda pública circulante en el mercado se reduciría de unos 11 a 5 billones, lo que supondría un enorme recorte, aunque tendría que ser puntual para mantener la confianza en el euro. Sin embargo, los críticos argumentan que, entonces, el banco central también sería responsable de la concesión de créditos, lo cual es un sinsentido: los préstamos seguirían estando en manos de los bancos, con la única diferencia de que tendrían que acumular ahorros para poder prestar dinero —como dicen los manuales de economía— en vez de crear el dinero concediendo préstamos (lo que todavía hoy les resulta extraño a muchos autores de libros académicos).

Hace tiempo que se debate la posibilidad de reducir la deuda nacional convirtiendo el dinero crediticio en «dinero total», pero nunca se ha llevado a cabo. Se necesitaría valor y visión de futuro, dos cosas de las que parecen carecer los responsables. Así pues, seguramente seguiremos tirando… hasta que se produzca un trágico desenlace.

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