09.12.2020 - Frank Lipowski

Los tipos de interés han desaparecido pero los bonos se quedan


Los tipos de interés han desaparecido pero los bonos se quedan

Los intereses se esfumaron hace tiempo, y el cupón de muchos bonos ha dejado de ser una «fuente de ingresos». ¿Es mejor dejar de invertir en renta fija? ¡En absoluto!

Hay una frase, más o menos acertada: «Antes todo era mejor», que se oye a menudo en las tertulias, se trate del fútbol, la fiesta local o la política. La volví vuelto a escuchar hace poco, no en el bar, sino en la valla de mi jardín: de mi vecino, que unos días antes había hablado con su asesor bancario. «Antes todo era mejor. Aún había intereses. Un cuatro o un cinco por ciento». Eso era hace tiempo. Últimamente me han preguntado a menudo si mi trabajo como gestor de fondos de renta fija no es muy fastidioso, porque hoy en día simplemente ya no es posible ganar dinero con los bonos. Así que, al fin y al cabo, solo se puede perder dinero. Una «Misión imposible», por así decirlo. Sin embargo, es todo lo contrario: es un trabajo más interesante que nunca, porque presenta más desafíos que nunca. Y ciertamente, aún pueden obtenerse unas rentabilidades razonables con los bonos. Solo hay que buscarlas de una forma mucho más minuciosa. Es una «Misión posible».

La estrategia “buy and hold“ ya no funciona

El inversor actual en renta fija debe olvidarse de lo que gustaba hacer. Comprar un bono para mantenerlo hasta el vencimiento y recibir el cupón anual de intereses ya no sir- ve, porque en la mayoría de los casos, el cupón no genera ningún rendimiento, o muy poco. La clásica estrategia de comprar y mantener bonos o «buy and hold», como la llaman los expertos, ya no funciona. Esta es la mala noticia. Ahora la buena: un bono tiene más que un componente de ingresos, es decir, más que simplemente el cupón. Está, por ejemplo, una posible plusvalía. El buen comprador intenta comprar barato para vender más caro en el futuro. Siempre hay fases y situaciones en el mercado en las que se penalizan excesivamente los títulos individuales. Los inversores deben reconocer y aprovechar estas oportunidades. Por consiguiente, para un gestor de fondos, hoy es muy importante contar con una cantidad adecuada de reservas de liquidez, que le proporcionará la flexibilidad necesaria para poder explotar las oportunidades. Porque hay algo que la historia nos ha demostrado: las oportunidades llegarán. Si no es hoy o mañana, tal vez será pasado mañana. Marzo y abril, por ejemplo, fueron unos meses excelentes para nosotros, porque los precios de muchos bonos de emisores de gran calidad resultaron penalizados en exceso en las bolsas.

Ventaja frente a las acciones

Como objeción, lo que más suelo escuchar es que, si en adelante todo va a ser una cuestión de obtener plusvalías de la renta fija, entonces tendría más sentido comprar acciones, ya que su rentabilidad por dividendos es bastante más alta que el cupón de intereses del bono correspondiente. Yo no lo veo así, y no solo porque tengo que verlo de otra manera.

El factor clave son los emisores

En el caso de una acción, no existe esa certeza. Si el entorno se sigue deteriorando, es posible que la empresa XY y su cotización bursátil se vean afectadas de manera duradera, y que ya no vuelva a alcanzarse el precio de compra. Por lo tanto, al invertir en renta variable, hay que tener una idea mucho más clara de cómo evolucionará una empresa en los próximos años, cuánto crecerá y cuál es su potencial de ganancias. Al analizar un bono, se trata sobre todo de determinar si está asegurado que el emisor, sea un gobierno o una empresa, tendrá la capacidad de reembolsar el bono al vencimiento. En una comparación directa, esta es definitivamente una diferencia a favor del bono.

Los inversores tienen que ser activos

Pero las plusvalías potenciales no son la única fuente adicional de rendimientos de la renta fija. La gestión de la duración, por ejemplo, también desempeña un papel importante. Aquí también hay oportunidades de rendimiento. O la divisa. En última instancia, como inversor en renta fija, hay que actuar de manera mucho más estratégica, adoptar un enfoque mucho más activo, es decir, operar con mucha más frecuencia, para obtener unos rendimientos adecuados a largo plazo. Hoy en día, la tasa de rotación de una cartera exclusivamente de renta fija puede ser bastante más alta que la de una cartera de acciones. La cuestión es: ¿cómo puede conseguir esto un inversor particular, con unos recursos de tiempo limitados y sin acceso directo a los grandes operadores de bonos? Muy difícilmente.

Los ETFs de renta fija tienen un problema

En cambio, un buen fondo de renta fija gestionado de forma activa podría ser un instrumento adecuado para invertir con éxito en renta fija a largo plazo. Ya sé que esta es la recomendación esperada de un gestor de este tipo de fondos; sin embargo, quiero ser muy explícito al respecto. Especialmente, porque me preguntan a menudo si, en vez de en un fondo gestionado activamente, no sería más lógico invertir en un fondo indexado de renta fija, un ETF, porque

replica el mercado título por título y, además, las comisiones son más bajas. Cierto, puede hacerse, pero planteo las consideraciones siguientes. Los índices de renta fija funcionan de una manera distinta a los índices de renta variable; están, en palabras llanas, «sesgados hacia los títulos basura». ¿Qué significa esto? Mientras que, en un índice de renta variable, el peso de las empresas relativamente más prósperas aumenta (porque sus cotizaciones, es decir, su capitalización bursátil, suben), en el caso de un índice de renta fija, sucede lo contrario: la mayor parte del índice está siempre compuesta por las empresas más endeudadas. A menudo, esto va en contra del deseo del inversor de mantener en su cartera solamente a los deudores más solventes.

«Sesgados hacia los títulos basura»

Además, los ETF de renta fija, en cuanto a rentabilidad, suelen ir a la zaga de los índices que replican. A causa de los constantes ajustes para seguir el índice, se pierde algo de rentabilidad debido a los diferenciales de los precios de compra y venta, que pueden ser importantes. Un buen gestor activo, en cambio, sopesa si vale la pena efectuar un ajuste de la cartera teniendo en cuenta los costes de transacción. Asimismo, está la falta de flexibilidad: en general, los ETF se reestructuran en unas fechas determinadas, a saber, a finales de mes, y algunos también se reponderan a finales de trimestre. Esto puede ser una desventaja en fases turbulentas, como en la pasada primavera: es decir, cuando se trata de aprovechar oportunidades, como poder comprar bonos de calidad a unos buenos precios. A veces es cuestión de solo unos días, que, en el caso de los ETF, se desperdician. Por desgracia, invertir no es tan sencillo como la reputación de los ETF da a suponer.

 

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