17.10.2019 - Bert Flossbach

Señales y ruido


Los inversores están saturados de noticias, cada día, cada minuto. Pero ¿cuáles son realmente relevantes y cuáles no?

En el torrente de noticias diario, ¿qué es realmente relevante y qué no tiene importancia? Para saberlo es necesario separar las señales del ruido. Un excelente ejemplo de señal fue el discurso pronunciado por Mario Draghi en el verano de 2012, cuando el presidente del Banco Central Europeo (BCE) prometió salvar el euro “whatever it takes”, es decir, costara lo que costara. Esta promesa fue muy relevante para los inversores y sus futuras decisiones de inversión.

Por otro lado están los ruidos, que son básicamente de dos tipos. Uno de ellos podemos llamarlo “entretenimiento” y suele ser fácil de identificar. Este tipo de ruido no tiene por qué ser malo si uno tiene mucho tiempo y le gusta entretenerse. En cambio, el segundo tipo de ruido es problemático. Adopta la forma de una señal, pero no lo es, y lleva al inversor a hacer o dejar de hacer cosas que más adelante pueden costarle caro.

Se han tomado muchas malas decisiones de inversión basándose en información irrelevante. Y no solo eso: también es probable que se hayan revisado muchas buenas ideas o que incluso no se hayan llegado a poner en práctica. Sobre todo en épocas turbulentas en las que las reglas del juego parecen cambiar constantemente, es difícil separar lo importante de lo irrelevante.

El Brexit, todo un clásico

Este ha sido siempre el caso de los pronósticos económicos y electorales, de la geopolítica en general o del conflicto comercial alimentado por EE. UU. Los inversores deben centrarse en la información que tiene carácter de señal y que, por lo tanto, proporciona unos conocimientos relevantes. Es relevante lo que tiene una repercusión concreta en la evolución de las empresas (inversiones existentes y potenciales) y lo que influye en los tipos de interés, las monedas y la estabilidad del sistema financiero. La mayor parte de la información, sin embargo, tiene una vida corta. Buen ejemplo de ello es el Brexit, que en nuestra opinión es todo un clásico dentro de los ruidos. ¿Por qué, desde el referéndum de hace tres años, muchos analistas y periodistas financieros han perdido su tiempo procesando información vaga para hacer pronósticos sobre cosas que simplemente no se pueden predecir y que, además, son irrelevantes desde el punto de vista del inversor? Porque sus clientes, los lectores, ansían explicaciones, porque el cerebro exige explicaciones.

“Forever low”: los tipos de interés se mantienen bajos

Lo que sí es relevante, aunque muy difícil de predecir en sus efectos concretos, es la disputa entre EE. UU. y China. La importancia de China para la economía mundial y su potencial de crecimiento son indiscutibles, por lo que todo lo que tenga que ver con la economía del gigante asiático es importante. La gran pregunta es cuál puede ser o acabará siendo el resultado del conflicto comercial.

Es probable que Trump siga adelante con su táctica arancelaria, aunque su volubilidad continúa siendo una constante: amenaza, retirada, nueva amenaza, aplicación, retirada y así sucesivamente. La mayoría de los tuits son ruido; la suma de todos ellos es una señal. Sin embargo, creemos que Trump hará todo lo que pueda ayudar —al menos, desde su punto de vista— a la economía y a los mercados bursátiles estadounidenses durante el próximo año.

Esto también incluye cuestionar la independencia del banco central de EE. UU. (la Fed o Reserva Federal), cuya presidencia le gustaría asumir conjuntamente en unión personal si los estatutos de la Fed lo permitieran. De esta manera, podría influir directamente en los tipos de interés, el tipo de cambio del dólar y los mercados bursátiles. Sin embargo, la única opción que le queda es presionar al presidente de la Fed y amenazar a Jerome Powell con el papel de chivo expiatorio si las cosas no van en la dirección deseada. Y la estrategia funciona, visto el rápido cambio de rumbo emprendido por Powell. Podemos considerar esto como una señal importante que apunta a una nueva caída de los tipos de interés en EE. UU., lo que a su vez repercute en la valoración de todas las inversiones de capital.

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