La Reserva Federal de Estados Unidos no recorta los tipos de interés —pese a los continuos ataques y exigencias del presidente estadounidense—. Y lo hace por buenas razones.
El segundo mandato del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha estado marcado hasta ahora por reiterados ataques a la independencia de la Reserva Federal (Fed).
Ahí está el intento de Trump de destituir a Lisa Cook del Consejo de Gobernadores de la Fed en agosto del año pasado. Además, han ocupado un lugar destacado en la agenda numerosos ataques verbales contra el presidente del banco central, Jerome Powell, así como sus constantes demandas de recortes drásticos de tipos de interés.
El punto álgido provisional de esta presión llegó, sin embargo, el 9 de enero de este año, cuando el Departamento de Justicia estadounidense amenazó al presidente de la Fed con una acusación penal. El asunto se refería, entre otras cuestiones, a declaraciones de Powell sobre las obras de renovación plurianuales de edificios históricos de oficinas pertenecientes a la Reserva Federal.
Presión sobre el dólar estadounidense
Un comportamiento tan confrontativo por parte de la Administración Trump podría generar inquietud, especialmente entre numerosos inversores internacionales. En este contexto, la confianza en la moneda de referencia mundial podría seguir debilitándose.
De hecho, en los últimos doce meses, el “greenback” ha perdido cerca de la mitad de su valor frente al oro, la divisa de última instancia.
La Reserva Federal se muestra combativa ante estos acontecimientos. Powell, cuyo mandato como presidente de la Fed expira en mayo de este año, subrayó que las amenazas recientes dirigidas contra su persona no son más que pretextos para forzar a que la política de tipos de la Fed se ajuste a las preferencias del presidente.
Al mismo tiempo, destacó que a lo largo de su carrera en la Reserva Federal ha servido bajo cuatro administraciones —tanto republicanas como demócratas— y que siempre ha desempeñado sus funciones sin temor a presiones políticas.
En última instancia, la primera decisión de tipos del año se mantiene sin cambios y se justifica, ante todo, por consideraciones de política monetaria: tras tres recortes de tipos a finales de 2025, la Reserva Federal pisa el freno por primera vez y mantiene los tipos oficiales en un rango del 3,5% al 3,75%.
Inflación en EE. UU.: ¿en la recta final?
Desde el punto de vista inflacionario, la decisión de hoy sigue apoyándose en una combinación de optimismo y cautela.
Optimismo, porque la tendencia subyacente de la inflación debería seguir acercándose al objetivo del 2%, como reafirmó la miembro del Consejo de la Fed Michelle Bowman. Así, los precios al consumo aumentaron en diciembre de 2025 únicamente un 2,7% interanual.
Además, cabe esperar que el impacto de los aranceles sobre la inflación de bienes continúe reduciéndose en los próximos meses. En este sentido, tras años de tasas excesivas, la lucha contra la inflación se encuentra ya en la recta final.
No obstante, podría resultar imprudente relegar el problema con demasiada ligereza. Así lo advirtió Jeff Schmid, presidente de la Reserva Federal de Kansas City.
Schmid subrayó recientemente su preocupación de que la Fed corra el riesgo de alejarse de un entorno en el que la inflación sea tan baja y estable durante un periodo prolongado que apenas influya en las decisiones de hogares y empresas.
Aunque se trate de un riesgo periférico, la preocupación de Schmid no carece de fundamento. Las inquietudes inflacionarias entre la población son hoy mucho más visibles que hace algunos años, después de que la inflación se haya mantenido durante 58 meses por encima del objetivo del 2% y el nivel de precios en Estados Unidos se sitúe aproximadamente un 25% por encima del registrado hace cinco años.
Schmid basó su argumento, entre otros elementos, en una encuesta según la cual en 2019 solo un 1% de las pequeñas empresas afirmaba que la inflación era su principal problema. En diciembre de 2025, en cambio, esa proporción había ascendido al 12%.
Visto así, desde la perspectiva de un banco central resulta aconsejable no descansar demasiado pronto sobre los avances logrados en materia de inflación.
Panorama mixto en el mercado laboral estadounidense
Máxime cuando el mercado laboral estadounidense sigue sin emitir señales alarmantes que justifiquen recortes drásticos de tipos.
Si bien existen indicios de un aumento de los riesgos a la baja: en noviembre, por cada estadounidense desempleado en búsqueda activa había únicamente 0,9 vacantes, una cifra sensiblemente inferior a la de años anteriores.
En 2024, el promedio era aún de cerca de 1,2 vacantes por desempleado. Sin embargo, el nivel actual sigue situándose en torno a la media de los cinco años previos al inicio de la pandemia, por lo que, en un contexto de largo plazo, resulta compatible con un mercado laboral sólido.
Otros indicadores también reflejan un panorama mixto. Por ejemplo, el número de nuevas solicitudes de subsidio por desempleo continúa cerca de mínimos históricos.
En sentido contrario, el crecimiento del empleo, con alrededor de 50.000 nuevos puestos creados en diciembre, sigue sin dibujar un escenario especialmente dinámico.
Un aspecto positivo dentro de este contexto es que las previsiones económicas actuales no apuntan, por el momento, a un deterioro adicional del mercado laboral estadounidense.
Al contrario, el Fondo Monetario Internacional pronosticó recientemente un crecimiento real del 2,4% para Estados Unidos este año.
En este sentido, resultan alentadores el sólido crecimiento reciente del consumo y la persistencia de un fuerte gasto en inversión, especialmente en bienes de inversión vinculados a la tecnología.
El “tipo adecuado” es un objetivo dinámico
Al inicio de un año en el que el presidente estadounidense Trump nominará a un nuevo presidente de la Fed y previsiblemente continuará su empeño en avanzar hacia una política monetaria dominada por lo fiscal, los responsables del banco central estadounidense siguen desempeñando su labor con normalidad.
Ante un mercado laboral aún robusto y unas tasas de inflación ligeramente elevadas, la Reserva Federal no ve por ahora razones para atender las preferencias del presidente en materia de tipos y comienza el nuevo año con una pausa monetaria.
Hasta qué punto la Fed podría apartarse del nivel actual de tipos oficiales en las próximas reuniones dependerá, naturalmente, de la evolución futura de la inflación y del mercado laboral.
Sin embargo, también entran en juego otras consideraciones a la hora de calibrar el nivel adecuado de los tipos. Así, los tipos de interés a largo plazo son actualmente sensiblemente más elevados que en los diez años previos a la pandemia.
El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años se sitúa en torno al 4,2%, frente a un promedio del 2,4% durante la década de 2010.
En igualdad de condiciones, cabría esperar que unos tipos más altos deprimieran la inversión y elevaran el ahorro. Sin embargo, no es lo que se observa.
El año pasado, la inversión en Estados Unidos representó aproximadamente el 21,5% del PIB, situándose cerca de un punto porcentual por encima del promedio registrado en la década de 2010.
En consecuencia, el nivel apropiado de los tipos oficiales depende siempre de una amplia variedad de condiciones externas que cambian con el tiempo y que van más allá de una mera observación de los indicadores de inflación y empleo.
En un entorno en el que las inversiones multimillonarias en tecnología son realizadas principalmente por empresas altamente rentables y con balances muy sólidos, una parte de la inversión es, inevitablemente, menos sensible a los tipos de interés.
Una consecuencia lógica de estas dinámicas es que los rangos con los que se clasifica un nivel de tipos como “neutral” o “restrictivo” se han desplazado en los últimos años.
Por ello, la elección del “tipo adecuado” sigue siendo un objetivo dinámico, cuyo nivel apropiado debe revisarse y recalibrarse de forma continua.
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